Revista Er Bisho.

Bienvenidos a la revista del I.E.S. Castillo de Luna (Rota) Er Bisho. La primera en este formato. Aunque la revista lleva una larga andadura en formato papel. Disfrutadla.

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domingo, 11 de marzo de 2012

EDUCADA EN EL DEBER

Me disponía a terminar de redactar una nueva entrada sobre el tema que mi amiga y yo tratamos en el blog, cuando me ha ocurrido lo más indignante que me podría haber pasado.
Fue entonces cuando me topé con la entrada del profesor Juan Crespo, en la que hace referencia a mí. Sí, lo reconozco, me negué a subir la silla, pero en lo que mi memoria alcanza, ¿quién en mis últimos cuatro años de instituto me ha dicho que tengo que subir la silla al finalizar la jornada escolar y que es una norma dentro del Plan de Convivencia?, ¿qué otro profesor insiste en ello? Ninguno. De este modo, es imposible que una norma sea eficaz.

Lo que me parece extraordinariamente fuera de lugar es que escriba sobre un pequeño acto de rebeldía que tenga una alumna, pero les puedo asegurar que no una alumna cualquiera. Este profesor se habrá encontrado a lo largo de su carrera profesional con muchos alumnos difíciles de controlar, alumnos con malas calificaciones, con reiteradas faltas de respeto a su persona, ¿a cuántos de ellos este profesor ha escrito un artículo sobre su inmadurez e insolencia? Ni siquiera es capaz de decirle nada a ciertos alumnos que en ocasiones se dirigen a él de una forma totalmente descarada, siendo su única respuesta una sonrisa y añadiendo “él/ella es así”.

Pero yo soy una persona decente, responsable y, ni que dudarlo, una alumna aplicada. Ustedes deben pensar que soy una engreída o una persona presuntuosa, pero lo que soy es una mujer orgullosa de mí misma por todo ello, porque mis padres me han educado en el sentido del deber y porque sé que no soy merecedora de tal escrito.

Me desilusiona, y no se pueden imaginar de qué manera, que, cada vez más, a los alumnos que queremos estudiar, personas ejemplares y que queremos llegar a ser alguien en esta vida, nos infravaloren de esta manera, como si fuéramos los peores alumnos que hayan conocido.

Como conclusión, quiero decirle a este profesor que sí, que él es la autoridad que recae sobre mí. Pero mi orgullo no me lo quita nadie. Una norma está claro que debe ser respetada, pero, para ello, los que la proponen han de incitar a que ésta se lleve a cabo, no un día determinado, sino de un modo regular. Han de hacernos ver que es una acción por deber (comprendemos la ley, sabemos que es buena para la comunidad y para mí mismo y decido libremente actuar en consecuencia). A pesar de esto, yo seguiré adelante, mientras los que de verdad necesitan de este tipo de comentario, se arrepentirán algún día de que nadie escribiera sobre algo que ellos hicieron mal y que les debieron reprochar. Y, aunque no lo crea, yo demostraré mi madurez en la Prueba de Acceso a la Universidad.


Cristina Esquivel Entrambasaguas 2ºBachillerato D

martes, 6 de marzo de 2012

¡PORQUE LO DIGO YO!


Hoy, en clase, me ha ocurrido algo que debería ser extraño pero que ya se ha convertido en algo normal en los centros de enseñanza.
Una alumna se negó a obedecer cuando le pedí que, como sus compañeros, subiera la silla sobre la mesa, tal como queda recogido en las normas de convivencia, para facilitar la tarea al personal de limpieza. Lo raro no es que se negara, sino que pretendiera echarme un pulso, el cual, por supuesto, evité. El camino fácil hubiera sido poner una amonestación pero ¿habría aprendido la alumna en cuestión algo?
El hecho sucedió en 2º de Bachillerato, lo que añade surrealismo a la situación.
Ya Kant, en su moral, distinguió tres tipos de acciones:
Conformes al deber: acatamos la ley o la norma por miedo al castigo que supone su incumplimiento. No somos libres al actuar de esta forma, ya que nos sometemos a la norma.
Contrarias al deber: actuamos en contra de la norma o la ley, principalmente por rebeldía. En este caso tampoco somos libres porque dependemos de la norma, aunque sea para hacer lo contrario.
Acciones por deber: comprendemos la ley, sabemos que es buena para la comunidad y para mí mismo y decido libremente actuar en consecuencia. Es la única acción que respeta la libertad del ser humano.
 
Así es como nos gustaría que actuaran nuestros alumnos, por deber. De modo que estén convencidos de que el respeto a la norma es lo más beneficioso para todos.
Subir la silla o no puede ser anecdótico pero es un signo de madurez acatar las normas. ¡Cuántos accidentes laborales se producen cada año por no respetar las normas! Precisamente en 2º de Bachillerato tenemos que evaluar la madurez del alumnado para ir a la Universidad. La misma Prueba de Acceso es una prueba de madurez.
Subir o no la silla no es un favor que hacemos al personal de limpieza o al profesor de turno, es un favor que me hago a mí mismo y un acto de compañerismo. Podría ocurrir que si a la hora de limpiar y adecentar una clase, el personal tuviera que subir cada una de las sillas, no se acabara nunca o se hiciera una limpieza muy superficial.
A lo mejor, como prueba de esa falta de madurez en alguno de nuestros alumnos (pocos), lo que se esperaba es que el profesor montara en cólera y pusiera la consabida amonestación (tan fácil de tramitar ahora con los ya familiares tamagochis) acabando con un ¡POR QUE LO DIGO YO! (lo que no descarto si la situación se repite)
 
De la limpieza de las clases y la subcultura yacente hablaré otro día.